Toda mi vida me la he pasado contando chistes. De todo tipo.
Lo primero que hice cuando aprendí a hablar fue contar un chiste, mucho antes que decir Papá o Mamá. Creo que conté ese de que van dos por la calle y se cae el del medio. No se cuál de mis hermanos me lo contó, pero ya se empezaban a establecer los parámetros de mi vida.
El chiste hoy en día ha quedado relegado a un segundo lugar detrás de los monólogos. Pero los monólogos tienen otra historia. Hay gente que se inventa una historia y la cuenta sin más. Puede hacer gracia o no, pero la cuenta como si fuera un monólogo, y lo que no se dan cuenta es que un monólogo es un chiste larguísimo. A la gente la tienes que tener enganchada a ti, no dejar que se duerman y sobretodo y más difícil, sorprenderla. Pues bien, quien consigue hacer eso es quien entra en el Olimpo de los Monologuistas. Por si fuera poco todo lo anterior, uno tiene que estar las veinticuatro horas del día pensando en paridas y demás gracias para incorporarlas a sus textos.
Quiero dar las gracias a Templo Buddha por acogerme tan bien el pasado jueves y por las muestras de cariño que me dio el público. A sus dueños también agradecer todas las comodidades, se portaron extraordinariamente genial y nada más, tan sólo mandaros un abrazo y esperar con simpatía el momento de volvernos a ver.
También quiero dar las gracias a todos vosotros por votar mis chistes. El claro vencedor con un 57% de los votos ha sido el del "Hijo Puta de la Capa Verde", seguido de "Abatir a tiros" con un 31%.
Y por último sólo os pido una cosa, seguir así, porque me motiváis con todo lo que hacéis, cuando me mandáis esos comentarios tan guapos a través de mi página, o en el Blog o en Youtube, o cuando me reconocéis por la calle y me lo decís en persona.
Sois los mejores.

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